jueves, 11 de diciembre de 2014

Chau Greenpeace

Zapatillas de marcas imperialistas pisando testimonios de culturas milenarias en nombre de una bandera anticapitalista. Esta imagen del nuevo conflicto de Greenpeace remite a esta nota que escribí en septiembre de 2013 por la que muchos me auguraron el fin de mi futuro profesional http://opinion.infobae.com/nicolas-de-la-plaza/2013/11/19/la-b-de-greenpeace/ con mucho modestia tengo que decir que más allá de los insultos a Camila Speziale que seguramente no cayeron bien, el correlato comparando esta compañía eco-fascista con la comunidad de la película "La Playa" fue acertada. Porque las contradicciones de una y otra, insisto, son/fueron acertadas. 


En La Playa una suma de errores y distracciones destruyeron un negocio perfecto para esa comunidad, que consistía vivir una utopía ecologista y libre del infierno capitalista de trabajar 8 horas por día. A cambio, se mantenían alejados de las 2 hectáreas de marihuana de alguna mafia thai con el deber mandatorio de no publicar la existencia de tal comunidad a una avalancha de turistas post adolescentes de las playas del "continente". 

La comunidad era "buenista" esto es pacifista, con amor libre, descontaminada del mundo real, pero a la vez sufrida, ya que sus miembros solo viven para esperar la batería del Gameboy que llega desde la costa. Una prisión autoimpuesta para obligarse a vivir una vida libre de capitalismo que supuestamente es sana, pero penando por la libertad y placer que da un paquete de chocolates que proviene del averno occidental. 
Greenpeace es lo mismo, su negocio astronómico de recibir donaciones con consignas aleatorias para "captar boludos" (donantes y militantes) se basa en representaciones de circo que varían desde ejercer el delito de piratería contra un pozo de petróleo en Rusia, hasta sentarse en inodoros en Salta oponiéndose a que se extinga alguna especie que la naturaleza decidió que deje de existir. 

Lo que olvida, Greenpeace, es que los humanos formamos parte de la naturaleza y proponer que el humano no progrese, es poner una traba a la naturaleza. 

Los campesinos tienen derecho a existir ganándole a la selva, así como un oso hormiguero tiene derecho a existir haciendo genicidios de hormigas, devorando colonias enteras. Asi funciona la naturaleza y si el oso hormiguero se come todo, no queda nada y se extingue. Y esta bien, asi funciona todo en este planeta hace millones de años. Nosotros tambien nos vamos a extinguir, no hay un mandato divino para que existamos por siempre. Somos hormigas.  

Pero ayer Greenpeace dio un paso adelante en su lucha por mantener su negocio en contra el desarrollo humano, se metió con sus orígenes, con la prueba del pasado. Su target publicitario apuntó a usar a algunas de sus Camila Speziale que antes de cooptarlas, se cansaban de dormir angustiadas por tener que salir a pelear contra la naturaleza para sobrevivir (como el día a día del oso hormiguero) para ir a sentarse a un puff de la ONG y hacerle ojitos al chico que le gusta. Igual que el chico que llegaba a la comunidad en La Playa para controlar una huerta que no necesitaba riego. En definitiva, un chico o chica de 20 años solo hace lo que hace para gustarle al otro/otra que le gusta, el resto es solo un marco teórico para que cierre. Pero de laburar, ni hablar.

La ONG hace lo mismo, usa un marco teórico para en definitiva sustentar sus inversiones económicas, porque no es una organización secreta clandestina como en 12 Monos, es una compañia con acciónes invertidas en energías alternativas, que dependen del cuento que el mundo va a desaparecer por culpa de la acción de los gases de las vacas que comemos los carnívoros asesinos en cada asado. 

Pisotearon un testimonio de civilización humana en su lucha contra el ser humano y no se dieron cuenta que se estaban pisoteando a ellos mismos. 

Era hora que Greenpeace desaparezca. 

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